Este verano hemos asistido a una abrumadora sucesión de noticias con el cambio climático como telón de fondo. Desde los fríos hielos del Ártico que desaparecen a un ritmo sin precedentes al hambre en países africanos que se debaten entre las sequías y las inundaciones, pasando por una de las peores temporadas estivales de incendios en España. Al mismo tiempo, la NASA ofrecía datos sobre un mes de julio con temperaturas anómalas (uno de los más cálidos en el mundo desde que se tienen registros) y James Hansen (experto en cambio climático desde hace décadas) escribía en The Washington Post un artículo con un título que no dejaba lugar a dudas: "El cambio climático ya está aquí y es peor de lo que creíamos".

Las sequías y las inundaciones tienen efectos devastadores en la producción agrícola, con una pérdida de cosechas que contribuye a la subida del precio de alimentos básicos, dejándolos fuera del alcance de quienes menos recursos tienen. De nuevo, el cambio climático lo sufren más quienes menos han contribuido a provocarlo. Senegal, con escasas emisiones de gases de efecto invernadero, sufre en los últimos años periodos de destructivas sequías y devastadoras lluvias como las que han afectando al país africano este verano.


Un clima extremadamente caliente y seco en la zona central de Estados Unidos disparó el precio de la soja y el maíz a niveles récord, una tendencia que arrastró a los alimentos en general. La producción agrícola de Rusia también se vio afectada por la sequía. La situación llevó a la FAO a anunciar el riesgo de que se agudice la crisis alimentaria si los países restringen sus exportaciones a causa de la sequía que afecta a naciones productoras.

Este verano también ha visto la luz un informe de Oxfam, Clima al límite, precios al límite que analiza el coste alimentario del cambio climático, en el que la organización hace hincapié en que “El fracaso a la hora de reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero plantea un futuro con una mayor volatilidad de los precios de los alimentos, lo cual tendrá graves consecuencias para la precaria situación de las vidas y medios de vida de las personas que viven en la pobreza”.
El informe plantea que las investigaciones existentes hasta la fecha, que examinan los efectos graduales del cambio climático pero que no tienen en cuenta los fenómenos meteorológicos extremos, están subestimando de manera significativa las posibles consecuencias del cambio climático en los precios de los alimentos.
La investigación encargada por Oxfam indica que el precio medio de alimentos básicos como el maíz podría aumentar más del doble en los próximos 20 años en comparación con las tendencias de los precios observadas en 2010. La situación se agravará debido a que los fenómenos meteorológicos extremos, cada vez más frecuentes, generarán escasez, desestabilizarán los mercados y precipitarán las escaladas de los precios de los alimentos.
Para muchas de las personas que viven en países en desarrollo, que llegan a gastar hasta un 75% de sus ingresos en alimentos, la escalada de los precios es una cuestión de vida o muerte. Y los efectos de la falta de alimentos perduran durante generaciones, porque la malnutrición infantil causa retraso en el crecimiento y reduce el potencial de desarrollo físico e intelectual de los niños y niñas, condicionando su futuro.
De manera que para los países en desarrollo el que los fenómenos meteorológicos extremos sean cada vez más frecuentes e intensos, provocando una menor disponibilidad de alimentos y un aumento de precios, se traduce en una espiral descendente hacia una situación de mayor inseguridad alimentaria y de una pobreza más profunda.
El informe de Oxfam, que desarrolla distintas hipótesis sobre la incidencia de fenómenos meteorológicos extremos en el África subsahariana y en cada una de las principales regiones exportadoras de arroz, maíz y trigo del mundo, dice que el cambio climático podría dar lugar a un aumento permanente de la variabilidad de la producción y a una volatilidad excesiva de los precios de los alimentos que podría plantear desafíos en materia de seguridad alimentaria prácticamente insuperables para muchos países pobres. Concluye que es de extrema urgencia que se adopten medidas inmediatas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, así como para facilitar y financiar la adaptación al cambio climático.
Por otra parte, la campaña Derecho a la Alimentación: Urgente –impulsada por las ONG Acción Contra el Hambre, Ayuda en Acción, Cáritas Española, ONGAWA y PROSALUS–, publicaba también a comienzos del verano el informe Cambio Climático y Derecho a la Alimentación. Este informe, que puede descargarse en su página web (www.derechoalimentacion.org) analiza las distintas dimensiones del problema y posibles respuestas.

Fuente: Alandar

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