AngolaTras el fin de una guerra devastadora (primero colonial, después civil) de casi 40 años que terminó al inicio de esta década y que dejó gravemente mutilado al país entero, Angola se enfrenta ahora a los grandes desafíos que surgen como consecuencia del conflicto. Reino de profundas contradicciones, Angola – según dicen, simplistamente pero significativamente – resume en su seno los grandes males del comunismo y del capitalismo salvaje: instituciones paquidérmicas y frágiles a la vez, una administración pública muy ineficiente y desconectada de las necesidades de sus ciudadanos, el descontrol de los precios y del coste de la vida, la explotación desmedida de los recursos naturales que genera ingresos estratosféricos en las grandes empresas transnacionales, una clase política ligada indisolublemente en el poder; y mucho más.

Por lo visto, no son suficientes los enormes yacimientos petrolíferos ni el ritmo vertiginoso del crecimiento económico (en el ranking mundial, Angola es el primer país de África y el 4º del mundo, según algunos estudios del 2008) para mejorar la situación de pobreza, reflejada en indicadores como la esperanza de vida (alrededor de los 40 años) y el índice de mortalidad infantil (18 de cada 100 niños no llegan a los 5 años de edad).

Sin embargo, este panorama desalentador, está cambiando paulatinamente. En primer lugar, se ha de reconocer el gran esfuerzo de inversión del país para la construcción y rehabilitación de las grandes infraestructuras, cruciales para las comunicaciones, el comercio y los principales servicios. Por otro lado, el Gobierno de Angola está dando los primeros pasos hacia la concesión de algún grado de autonomía a los gobiernos locales, en el intento de estrechar la alianza entre los ciudadanos y las instituciones en la lucha efectiva contra la pobreza. En la estela de Mozambique y Cabo Verde, que desde hace años han puesto en marcha un sistema administrativo defensor del principio de “más autonomía local, mejor gestión”, en Angola se ha comenzado tímidamente a desconcentrar alguna competencia y transferirla a los órganos locales, legitimándolos y concediéndoles instrumentos para la prestación de los servicios básicos.

Angola, de la mano de la cooperación internacional, ya no tiene dudas. La asunción de responsabilidad por los entes locales es una receta exitosa para paliar las profundas inequidades sociales que afligen a su población. No es un camino fácil – bien lo sabe España, referencia a nivel mundial por su estructura autonómica, cuya conquista ha sido fruto de un gran esfuerzo político y social- . Desconcentrar (para luego descentralizar) en Angola significa no sólo empoderar a los entes locales, sino también enfrentar el reto de limitar el poder del centro. Significa dejar mano libre a sus gentes para que elijan a sus gobernantes locales, con el riesgo que el partido oficialista (en el poder desde 1975) pierda su tradicional liderazgo. Significa crear una conciencia ciudadana cada vez mayor, ya que por primera vez se están abriendo espacios de diálogo (de momento exclusivamente consultivos) entre la sociedad civil y los órganos de la administración local del estado, en el marco de un sistema que se hace cada vez más incluyente y democrático.

Y finalmente, significa modernizar el país entero, acompañando la transición de una sociedad industrial, con sus fórmulas centralizadas y jerarquizadas (producción en cadena), “a favor de una sociedad de la información, donde existe una articulación de procesos plurales que interaccionan abiertamente entre sí, según procedimientos autónomos de decisión, más y mejor controlados por sus actores, que mejoran la calidad y ahorran en costes”.

Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). El contenido de dicha publicación es responsabilidad exclusiva de la Fundación Municipalistas por la Solidaridad y el Fortalecimiento Institucional (MUSOL) y no refleja necesariamente la opinión de la AECID.

Aram Cunego y Sara Ruiz Sanjuán
Coordinador y Consultora de MUSOL en Angola
Municipalista por la Solidaridad y el Fortalecimiento Institucional
www.musol.org
[1] Readaptado de un estudio de Francisco Caamaño Domínguez, Autonomía local y principio de subsidiariedad

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